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Para ver el paisaje se necesitan muchos ojos; para restaurarlo, muchas manos.

2018-08-19 1 comentario

Foto Cáritas, Santa Ana

-Escrito por  Wilfredo Moran, PRISMA- El crecimiento de la población aumenta la demanda de recursos naturales produciendo mayor degradación. En los paisajes degradados la vida es difícil, escasea la comida, el agua, el trabajo y el dinero; entre otras cosas la gente se ve obligada a migrar. Todo eso se complica más con el cambio climático y con la inseguridad.

La restauración de ecosistemas a escala de paisaje se refiere a la recuperación de las funciones de los ecosistemas, a través de procesos sociales e institucionales participativos e inclusivos, para garantizar los beneficios que dan los ecosistemas a las comunidades rurales y urbanas, tomando en cuenta que estos beneficios también son producidos por los agroecosistemas manejados sustentablemente.

El paisaje incluye todo lo que contiene, todos sus habitantes, sus recursos, la infraestructura, sus dinámicas económicas y sociales, sus instituciones, sus tradiciones, su cultura y sus conflictos.

Un paisaje sustentable provee para las necesidades locales agua, alimentos, energía, biodiversidad, etc.  Al mismo tiempo, contribuye a alcanzar compromisos nacionales y metas globales (ej. reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, metas de Aichi, etc.).

El enfoque de paisaje se caracteriza por la amplitud de su escala, tanto espacial, como de alcances y de tiempo, por eso se necesitan los ojos de varias generaciones y de muchos sectores, para tener la clase de mirada que demanda.

La gestión sustentable del paisaje es una necesidad local y global. No obstante, pocos paisajes del mundo están siendo gestionados de forma que puedan atender eficazmente a las demandas actuales, y menos aún a las que se presenten en el futuro, lo que pone en riesgo a miles de millones de personas y a muchas economías.

El agotamiento de los mantos acuíferos, la pérdida de la biodiversidad, la mejora en la calidad del agua, la contaminación del aire, la reducción de la vulnerabilidad, y otras cuestiones claves, que afectan directamente la calidad de la vida, no se pueden resolver individualmente, ni solamente a escalas locales, exigen una visión incluyente como la que ofrece el enfoque de paisajes; por todo lo anterior el paisaje es la escala necesaria para enfrentar los desafíos de la agricultura de secano.

La transformación del paisaje comienza en la mente, se anida en la esperanza de una vida mejor para todos, pasa al discurso o la conversación, porque “de la abundancia del corazón habla la boca” y se traduce en acción individual y colectiva.

El paisaje no se transforma logrando que una finca adopte muchas buenas prácticas, sino logrando que muchas fincas vecinas adopten una práctica de impacto positivo significativo y de múltiples beneficios para todos.

Los procesos de restauración de paisajes deben resolver los problemas de las necesidades básicas de la población, aumentando los ingresos en efectivo,  generando beneficios para la sociedad nacional y global.

La gestión sustentable del paisaje requiere también la transformación en los roles de las instituciones y un nuevo sentido de participación ciudadana entre la población, también debe mantenerse en perspectiva la gobernanza, los mercados y el adecuado financiamiento.

1 Comment

  • Carlos Andrés Zelaya says:

    El crecimiento de la población aumenta la demanda de bienes y servicios, no de los recursos naturales. Es la no atención a la conservación y la eficiencia en la produciendo la que genera mayor degradación.
    Quizá el ingrediente más eficaz para lograr un efecto de paisaje es la finca humana, en la que el principio de compartir conocimiento, como buena semilla, es fundamental.

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